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[:en]Run away from the habit of complaining![:es]¡Huye del hábito de reclamar![:]

[:en]The excess of complaints on a daily basis is detrimental to mental health and living in society.[:es]El exceso de reclamos diarios es perjudicial para la salud mental y la convivencia en sociedad.[:]

[:en]Today, from the moment you woke up so far, how many times have you complained? Of course many! This is because this habit is common in human behavior.

Excessive complaints are triggers for discussion, negative thoughts, cultivation of sorrows that can lead to misunderstandings and even diseases from emotional causes. Psychologist Jennifer Soares says it is not wrong to complain about what goes wrong and annoy us, the problem is doing it at any situation. “Complaining becomes an addiction. We complain about the weather when it is either cold or hot. We complain about having to wake up and work, our partner, children, and friends. By doing this we are taking a negative position towards life and people, becoming frustrated and sad,” she warns.

But how can we change such habit? The civil servant, Fernanda Valente, has managed to make this life change. “The challenge of 21 days without complaining was proposed by the director of the school where I take physical and self-knowledge activities. I got interested right away because I had already realized that the habit of complaining was bad for me and ruined my day.”

Fernanda says that when she was around people who complained too much, she felt bad and began to reflect whether she was also one of those people. “We are very used to complain about everything and always have a negative view of events, and this kind of behavior is encouraged by our society. Notice that when you are in a line at the market and complain about the delay, everyone will agree and complain along. But if you praise the service, people do not get too excited to do the same. This creates a stimulates us to complain more and more. And it is hard to be surrounded by ’whiners’ and be the only one among them who does not complain.”

The servant also explains that, in order to change her behavior, she had to pay close attention to her thoughts and words during the course of her day. “I observed my own thoughts and feelings before everything that happened during my routine. That attitude was important to not begin complaining without realizing I was doing so. So, in the first attempt I realized I had made a silly complaint but then I resumed the challenge. This is a strategy so that we stay alert and do not fall into the habit of unconsciously complaining.”

Word of God

In the Bible there are many passages that teach how complaining and murmuring do not please God’s heart and does not cooperate for the family environment and community. The people murmured against Moses in the wilderness. Even after God opened the Red Sea and free them from slavery, the Hebrews murmured against Jesus and his teachings.

Therefore, it is important to control thoughts and also the tongue, because it also hurts and kills. “All kinds of animals, birds, reptiles and sea creatures have been tamed by mankind, but the tongue cannot be tamed by anyone. It is a restless evil, full of deadly poison.” (Jas 3,7-8)

Psychologist Jennifer Soares proposes various exercises to get rid of this habit and bring another perspective to life. “It is interesting to observe how many times we complain during the day. The result can be scary! From that point on, we can practice being quiet when something bothers us or try to see something positive from each bad moment we go through. Realizing that there are people who suffer more than us also helps because it makes us reflect that suffering is part of our human condition and that no one is immune to it.”

She also explains that “in some cases, when complaining becomes an addiction, a good exercise is to propose a gift. For example, to each complaint you must deposit a certain amount of money in a safe to donate it to some institution. Or every time you feel like complaining about something you pray a Hail Mary. In the first few days you may pray a rosary,” Jennifer plays. The psychologist also indicates a biblical passage that may inspire this change: “Not only so, but we[a] also glory in our sufferings, because we know that suffering produces perseverance; perseverance, character; and character, hope.” (Rm 5,3-4)

Fernanda says that nowadays not complaining is much easier and that she can already see differences in her daily life. “My life improved a lot after I had begun complaining less! The work became even more pleasurable, I began to relate better to the people around me, life problems became less and less frequent, the difficulties began to be overcome more easily etc. There are countless benefits in life! It is worth the effort to reeducate and stop complaining, ” she said.

How about you? Do you accept the challenge of changing this habit? Share with us your own tips is to stop complaining!

Pollyana Reis

 

 [:es]Hoy, desde el momento en que se despertó hasta ahora, ¿cuántas veces ha reclamado? Ciertamente muchas, esto ocurre porque este hábito es común en el comportamiento humano.

Los reclamos excesivos son chispas para discusiones, pensamientos negativos, cultivo de angustias que pueden llevar a desacuerdos e incluso a enfermedades de origen emocional. La psicóloga Jennifer Soares dice que no está mal reclamar ante lo que nos hace mal y causa molestias, el problema es que lo hacemos ante cualquier situación. “El reclamo se convierte en un vicio. Reclamamos del clima, que está frío o caliente. Reclamamos de tener que despertar y trabajar. Reclamamos de nuestro cónyuge, hijos y amigos. Con eso vamos tomando una posición negativista frente a la vida y a la gente, convirtiéndonos en personas frustradas y tristes”, alerta.

Pero ¿cómo cambiar este hábito? La servidora pública, Fernanda Valente, logró hacer este cambio en su vida. “El desafío de 21 días sin quejarse fue propuesto por el director de la escuela donde practico actividad física y autoconocimiento. Me interesé en el momento, porque ya me había dado cuenta de que el hábito de quejarme me hacía mal y acababa con mi día”.

Fernanda dice que cuando estaba alrededor de personas que se quejaban demasiado, ella se sentía mal y empezó a reflexionar si ella tampoco era una de esas personas. “Estamos acostumbrados a quejarnos de todo y a tener siempre una visión negativa de los acontecimientos, y ese tipo de comportamiento es fomentado por nuestra sociedad. Observe que si estás en la fila del mercado y te quejas de la demora, todos estarán de acuerdo y reclamaran juntos. Pero si elogias el atendimiento, la gente no se entusiasma de elogiar también. Eso genera un estímulo para que podamos reclamar cada vez más. Y es difícil estar rodeada de “reclamones” y ser la única persona en el medio que no reclama”.

La servidora también explica que, para conseguir cambiar su comportamiento, tuvo que prestar mucha atención a sus pensamientos y palabras durante su día. “Observaba mis propios pensamientos y sentimientos frente a todo lo que pasaba en mi día a día. Eso fue importante para que no reclamara sin ver. Así que, en el primer intento, me di cuenta de una reclamación tonta y empecé de nuevo con el desafío. Esta es una estrategia para que estemos atentos y no caigamos en el hábito de quejarnos inconscientemente”.

Palabra de Dios

En la Biblia hay muchos pasajes que enseñan cómo la queja y la murmuración no agradan el corazón de Dios y no cooperan para la convivencia en familia y comunidad. El pueblo murmuró contra Moisés en el desierto, incluso después de que Dios abriera el Mar Rojo y los liberara de la esclavitud, los judíos murmuraron contra Jesús y sus enseñanzas.

Por eso, es importante controlar los pensamientos y también la lengua, porque ella también hiere y mata. “Porque toda especie de fieras y de aves, de reptiles y de animales marinos, se puede domar y ha sido domada por la especie humana; la lengua, sin embargo, nadie consigue domar. Es un mal turbulento, lleno de veneno mortal”. (Tg 3,7-8)

La psicóloga Jennifer Soares propone varios ejercicios para deshacerse de este hábito y traer otra perspectiva a la vida. “Es interesante observar cuántas veces nos quejamos durante el día. ¡El resultado puede ser aterrador! A partir de ahí, hacer un ejercicio de callarnos cuando algo nos molesta o tratar de mirar el lado positivo de cada cosa mala. Percibir que hay gente que sufre más que nosotros también ayuda porque nos hace pensar que el sufrimiento es parte de nuestra condición humana y que nadie es inmune”.

También explica que “en algunos casos, cuando la reclamación se convierte en un vicio, un buen ejercicio puede ser proponerse una penitencia, por ejemplo, a cada reclamación se debe depositar una suma en un cofre para donar a alguna institución. O cada vez que tenga ganas de reclamar rezar un Ave María. En los primeros días tal vez reces un rosario”, bromea Jennifer. La psicóloga también indica un pasaje bíblico que puede inspirar este cambio: “Y no sólo esto, sino que nos glorificamos incluso de las tribulaciones. Pues sabemos que la tribulación produce la paciencia, la paciencia prueba la fidelidad y la fidelidad, comprobada, produce la esperanza”. (Rm 5,3-4)

Fernanda cuenta que hoy quedarse sin reclamar es mucho más fácil y ya puede ver diferencias en su día a día. “¡Mi vida mejoró mucho después de que empecé a quejarme menos! El trabajo se ha vuelto aún más placentero, he pasado a relacionarme mejor con la gente a mi alrededor, los contratiempos de la vida se han vuelto cada vez menos constantes, las dificultades han empezado a superarse más fácilmente, etc. ¡Son muchos beneficios en la vida! Vale la pena el esfuerzo por reeducarse y dejar de quejarse”, alienta ella.

Y tú, ¿aceptas el reto de cambiar este hábito? ¡Dile a la gente cuál es tu consejo para no quejarte más!

Pollyana Reis

 

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