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[:en]Rewriting your own life story[:es]Reescribiendo la propia historia[:]

[:en]Family violence grieves the Eternal Father but forgiveness and love aid victims to rebuild their life stories[:es]La violencia familiar lastima el corazón del Padre Eterno. Y es a partir del perdón y amor que sus victimas consiguen reconstruir sus historias.[:]

[:en]Family is a sacred, a gift from God, within which love, caring and education should rise so that kids and adults could mature and develop emotional inteligente, faith and noble principles. Unfortunately, such context is not a reality among people, especially regarding families that are under social vunerability.

Violence is generally reduce to physical agression however it goes beyond that. According to the United Nations Children’s fund (UNICEF), there area eigth categories of violence among societies worldwide: physical, psycological and sexual violence, prejudice, torture, negligence abandomnement, child labour and human trafficking

Thus, most part of violence victms is composed of women and children in several different situations including in the family environment. The agressor usually possess a sense of ownership towards the victm. The outcome is personal injury and emotional imbalance what are aggravated when associated to alcohol and illicit drug abuse.

Márcio Mujalli points out that the personal background of parents bears are important in this context. “Young couples, for example, that were raised undergoing physical or verbal violence end up passing such behavior to their new family environment,”.

An alternative to avoid family violence would be questioning and discussing their own educational concepts. It is worth it to discuss educational techniques in the family unit since society has evolded in many aspects. “I have assisted children that would prefer to be on streets because they would suffer with violence at home”. Therefore, it is crucial that family members seek dialogue and promote an assertive communication with children since their early childhood,” Márcio claims.

The dialogue is a key so that children and teenagers grow being able to deal with frustation and understand the consequences of their own actions. The psychologist highlights that saying “no” or “yes”, parents must seek to stablish confidence and respect links with their children without losing their authority.

“It is a hard work, there are many contexts within the family, of course,”. However, care, love and faith in God are crucial in the educational sphere. I usually encourage my patients to teach their children to pray, pray together and listen to the Holy spirit recomendations for the family,” says Marcio.

Hope

The Casa Talitha Kum in Goiânia (GO), a Redemptorist Social Work, assists girls from 12 to 18 years old that experienced family violence. The sisters that manage the institution and assist the atendeees seek to give a new meaning to the girls’ stories who bear proofund marks even being young.

According to the Sister Deguimar da Rocha, responsible for the finance department of the institution, said their objective is to comprehend the reality of each girl. “Each story is unique. The girls that are here have undergone difficult situations early in life. When they arrive, we seek to give them the opportunity to make new connections, know the real meaning of care and education,” the sister says.

Rescuing their own life story, the formation of their own identity away from violence is crucial to a new begining. “Here, we work to ensure a complete support: medical, psychological, therapeutical, social and educational,” said Deguirmar. She affirms that their aim is also to be the girls’ family and this implies in investing in all areas of human education until the assisted can be inserted back to society being able to denfend herself and seek a new path in life.

Welcoming a victm could take from one to three months. After that, the victims is re-inserted in school life and other activities if they need. “Each story is unique but we seek to cure traumas and violence through love, affection and friendship”, concludes sister Deguimar.

 [:es]La familia es un lugar sagrado y un don de Dios, donde debe brotar el amor, la protección y la educación, para que niños y adultos puedan crecer y madurar con inteligencia emocional, fe y buenos principios. Por desgracia, esa no es una realidad que viven todas las personas, especialmente cuando se trata de familias socialmente vulnerables.

A menudo, se conoce que la violencia es sólo la agresión física, pero está puede ir mucho más allá de lo que imaginamos. Según la Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la infancia), existen ocho tipos de violencia que enfrentan las más diversas sociedades del mundo, como: la violencia física; la psicológica; sexual; la discriminación; la tortura; la negligencia y abandono; el trabajo infantil; y la trata de personas.

En su mayoría, las víctimas son mujeres y niños en las más diversas situaciones, y a menudo, incluso en su propio entorno familiar. El abusador actúa normalmente, porque tiene un sentimiento de pertenencia sobre la víctima. El resultado causa muchas lesiones, además de un desequilibrio emocional, que a veces es combinado con el uso de alcohol y drogas ilícitas, que hace el caso aún más grave.

Según el psicólogo Márcio Mujalli, un punto a destacar son las costumbres, que cada padre o madre lleva en su historia: “una joven pareja, por ejemplo, a veces crece siendo corregido a nalgadas o a los gritos, por lo que terminan repitiendo eso en su propio contexto familiar”.

Para el psicólogo, una alternativa importante para escapar de los casos de violencia familiar, es cuestionarse y debatir sobre los propios conceptos de educación. Puesto que la sociedad ha evolucionado en muchos aspectos, la relación entre padres e hijos también cambió, por lo que la discusión de técnicas educativas es absolutamente válida. “Ya he atendido menores que preferían vivir en la calle que continuar en su casa, pues sufrían por causa de la violencia. Por eso es importante que padres y tutores busquen el diálogo, y desarrollen e incentiven una comunicación asertiva desde la infancia”, dice Márcio.

Según Márcio, el diálogo es la clave para que los niños y adolescentes crezcan y se desarrollen sabiendo lidiar con frustraciones de forma madura, y entiendan que una actitud errónea implicará una consecuencia. Además resalta que, al corregir y al decir sí o no, los padres deben intentar establecer un vínculo de confianza y respeto con el niño y el adolescente, sin perder la autoridad.

“No es una tarea fácil, hay muchos contextos y realidades diferentes para cada familia, por supuesto. Pero el cuidado, amor y la fe en Dios son imprescindibles en la educación. Generalmente incentivo a mis pacientes para enseñar a sus hijos a orar, a buscar una oración para hacer juntos, además de buscar la guía del Espíritu Santo para ser una familia”, dice Márcio.

Esperanza

En Goiânia (GO), una de las Obras Sociales Redentoristas, la Casa Talitha Kum, atiende niñas entre los 12 y 18 años que pasaron por situaciones de violencia familiar. Las religiosas que administran la casa y cuidan de las niñas, tratan de dar un nuevo significado a la historia de estas niñas, que ya desde jóvenes cargan con cicatrices profundas.

Según la hermana Deguimar da Rocha, responsable del departamento de finanzas de la Casa, desde el primer contacto, el objetivo es entender la realidad de cada una de ellas. “Cada historia es única, las niñas pasan por situaciones psicológicas y físicas complicadas desde edades tempranas. Al llegar aquí, les damos la oportunidad de establecer nuevos vínculos, de conocer el verdadero significado del cariño y la educación”, afirma la hermana.

El rescate de la propia historia y la formación de la identidad propia lejos de la situación de la violencia son cruciales para que las chicas acogidas en la casa tengan la oportunidad de empezar de nuevo. “Aquí trabajamos para garantizar el apoyo completo: médico, psicológico, terapéutico, social y escolar”, explica la religiosa. La hermana incluso afirma que el objetivo es ser familia para cada una ellas, y eso significa invertir en todas las áreas de formación humana hasta que esté apta para volver al entorno social, con capacidad de defenderse y buscar un camino nuevo.

Para tener una idea, el período de acogida de una víctima puede tomar de uno a tres meses. Sólo entonces, es recomendado reintegrarla en la escuela y otras actividades según la necesidad. “Cada historia es diferente, pero sobre todo, tratamos de curar el trauma y la violencia que sufrieron con el amor, lazos de afecto y amistad”, concluye la hermana Deguimar.[:]


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